Pues sí, como todo el mundo (o casi) me tomo unas vacaciones para descansar y renovar ideas y proyectos para el próximo curso/año académico.
Volveré antes de que acabe agosto, así que les espero con nueva presentación de blog, novedades, etc. No dejen de venir cuando quieran, esta es su casa (de la ciencia).
Durante los años 50 del siglo XX se ideó un proyecto que pretendía, por medio del impulso ofrecido por explosiones nucleares sobre un escudo inercial, impulsar una nave interestelar.
Buscando un modo de utilizar más eficientemente la energía atómica surgió el proyecto Orión, que consiste en utilizar una explosión atómica para producir plasma, que al chocar contra un plato en el vehículo espacial, generaría un enorme impulso.
La duración del estallido es tan breve que el plato de impulso, de acero o aluminio, apenas sufre un ligero desgaste.
El resultado es un motor con una relación de impulso miles de veces mayor que el de un motor químico. Además, necesita una masa de reacción mucho menor gracias a las altas velocidades que alcanza el plasma.
Sin embargo, un pequeño fallo en el proceso de detonación puede destruir la nave, así como todo lo que haya a su alrededor. Por ende, un tratado internacional prohíbe el despliegue de armas nucleares en el espacio.
Sin embargo, la ciencia ficción ha podido soslayar estos inconvenientes. En la película Deep Impact, la nave construida por los Estados Unidos para interceptar al cometa que va a destruir la Tierra está dotada de un sistema de propulsión Orión, y el plato de impulso se puede apreciar perfectamente en la secuencia de partida de la nave. Esto es un importante acierto en la ambientación científica de la película, ya que con la tecnología actual este sistema es el único que permitiría alcanzar la velocidad necesaria para la maniobra de cita orbital con el cometa.
A mediados de los 60, en plena Guerra Fría los satélites espía americanos captaron una extraña aparición en la costa del Mar Caspio. El gigantesco avión, de 100m de longitud, fue denominado “El Monstruo del Mar Caspio“.
Según wikipedia Un ekranoplano (en ruso: экранопла́н) es un vehículo parecido a un avión, aunque está concebido para no salir jamás del área de influencia del efecto suelo (a pocos metros de altitud), donde vuela sobre un colchón de aire de manera similar a como lo haría un aerodeslizador. Su nombre es una derivación de la denominación que recibe en ruso el efecto suelo: ecranniy effect (экранный эффект).
Un equipo de arquitectos españoles liderado por el catalán Xavier Claramunt junto con un grupo de ingenieros aeronáuticos de Florida (EEUU) han desarrollado Galactic Suites, un prototipo de habitación de hotel espacial donde a partir del 2012, por el “módico precio” de 4 millones y medio de dólares puedes disfrutar de tres noches de estancia espacial.
Para conseguirlo, han empleado fotografía, tecnología 3D y manipulación digital con objeto de imitar algunas de las técnicas de los pintores victorianos de paisajes idealistas.